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Museo Juan Cabré
Bartolozzi Brutal

Desde el 4 de abril hasta el 31 de mayo de 2009
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Exposición de pintura y escultura inéditas del recientemente fallecido Rafael Bartolozzi.

Rafael Bartolozzi

Información del museo

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La obra que Rafael Bartolozzi expone se divide en tres ámbitos, dependiendo de las artes, las técnicas y los materiales. De entrada, unas esculturas de pequeño tamaño que como los microgramas de Robert Walser encierran un discurso cuya densidad reside en su atisbo, a la compacta plenitud de la idea antes de su degustación por parcelas. Responden mayoritariamente a la poética del objet trouvé y al impacto relacional que la arbitrariedad de las formas provoca hasta pedir su reelaboración. De este modo los objetos, perdidos y desubicados, destinados a la nada, y que por sí solos apenas significaban, adquieren de golpe un sentido no siempre evidente, aunque libre a la vista de quien acierta a percibir una recién conquistada capacidad de sugerencia. Sensual en muchas ocasiones, conceptual en tantas otras, como puro juego, o como una corriente que activa la memoria, sin que en ningún lugar quede dicho que convenga hacer separación entre unos y otros. Todo se da a la vez, sin procurar aislamientos.

Siguen los lienzos. Las formas concretas pierden grosor, sus rasgos se atenúan y, sin embargo, se ha plasmado algo tan preciso que sólo cabe en el espacio del cuadro. Se impone el color, contundente como una sentencia, que no tarda en verse atravesado por figuras imprevistas que lo recorre en una atenuación irónica. Se desprende de esas telas un método dialogal, antiguo y muy arraigado. Los paseos de los griegos y su reflexión en el ágora. El simposio de los romanos con su festín. Un discurrir con la naturaleza, en primer lugar. Una interacción que va definiendo el lugar en el mundo e incita a expresar la alegría de su descubrimiento. La constante novedad de una vida que al sucederse se hace pintura. No siempre quiere aparecer la frase entera. Basta el eco para obtener su jugo. La intuición que da acceso al logos.

“La naturaleza es tan viva / que crea la muerte / para su continuidad”, escribió Bartolozzi en uno de sus haikus. En la condensada simplicidad del haiku se hace patente el misterio. Las acuarelas ahondan en su dialéctica. En los marjales, en las charcas, en un espacio casi clandestino, una naturaleza de rostro feroz y primitivo efectúa sus ensayos. A oscuras, unos seres se debaten. Violentamente. Se devoran como caníbales, se fagocitan y se transforman. A velocidad de vértigo, la vida adquiere sus primeras formas. Y el alfa y el omega. Todo en un mismo principio, en un mismo impulso. Unidos lógica y absurdo. En un mar de fuego, con fulgores de una belleza que casi ofende, el cosmos aparece como una metamorfosis enloquecida. Todo cambia y nada se detiene. Los órdenes de la vida se conectan. El filósofo Francesc Pujols lo sintetizó en tiempos de avances atómicos como “La escalera de la vida”. Lo mineral perdura en lo vegetal y éste pervive en lo animal y éste permanece en lo angélico. El gran lienzo del cosmos.
 
Fuente: J. Antón Espadaler y Museo Juan Cabré

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